Ah, épocas decembrinas, estas conllevan caos vial, desquicie y sentimientos encontrados que giran entorno a personas (en su defecto, seres queridos) que no nos acompañan este año. Lo curioso del asunto y no sé si hayan percatado en alguna de sus lagunas mentales, es que a pesar de que hay un día de muertos, cuando más nos pega esa ausencia es en estas fechas; en el día de muertos nos reunimos, nos atragantamos de pan de muerto y chocolate, pero ya pasando las 10pm nos disponemos a beber y disfrutamos el día, y el difunto (al que ya ni ofrenda le hacen) pasó a chingar a su madre. Contrario a Navidad, en la que un sentimiento melancólico ronda en cada esquina y hace de las suyas al hacer de los mala copas un mar de llanto gritando el nombre de un ser querido (esto claro no es mandatorio en cada mala copa, algunos sin ser mala copa terminan bañados en sus lágrimas).
Fuera del melodrama familiar, viene esa necesidad (mejor dicho obligación) de regalar y regalar, digo no me hago pedazos a mí también me gusta que me den regalos, pero yo creo que a veces fuera de que nos den nuestros pinche mil regalos y pensándolo muy seriamente casi al grado de autohipnósis, a veces un rato para compartir con toda la marabunta (llámesele familia) es más grande que cualquier cosa, y como ya es costumbre daré un ejemplo mío. El año pasado y bajo la urgencia de salir huyendo del melodrama de la familia telerín, me dediqué a trabajar sin parar (haha no miento en el bazar mi horario era de 10:30am a 9:20pm sin día de descanso, lo que lógicamente limitó mi convivencia familiar. Tiempo después me llegó esa extraña sensación de remordimiento de no haber estado con mi familia que sólo viene una vez al año para que los veamos.
Pero este año y por razones del destino, me remplazaron en el trabajo, lo cual me ha podido dar chance de estar un rato más con mi bisabuela, tias, primos y demás lo cual ha sido algo lindo (aunque a veces frustrante). He conocido más de mi familia, y bueno en mi casa hay cada historia que terminas muerto de risa, y después de un día así al llegar a la cama sigues con esa sonrisa de oreja a oreja y a veces con ganas de un poco más.
Todo esto me hizo reflexionar y darme cuenta del verdadero "regalo" de la Navidad, parecera sacado del libro más cursi del mundo, o comercial ya típico y choteado de televisa, pero lo cierto es que la convivencia familiar es como ninguna, a veces nos quejamos del tío mala copa, el primo insoportabley demás personajes clásicos de la familia, pero sin ellos me atrevería a decir que no tendríamos tema de conversación, porque lo primero que hacemos al otro día es correr y contarle a medio mundo lo mucho que nos caga tal primo, que si la tia envidiosa y shalala.
Y es este pequeño intercambio de palabras con alguien más lo que demuestra que hasta cierto punto, no la pasamos bien, disfrutamos echar cábula con los primos y joder a dos tres más.
Y si se dieron cuenta, los regalos ni nos dieron tanta diversión fueron como el aderezo al buen rato que tuvimos.
Y con esto doy final a la entrada lo demás se los dejo a ustedes.
Feliz Navidad... y que viva la ponxömatikan...!!
jueves, 24 de diciembre de 2009
"Esta Navidad Quiero Un Regalo Que No Sea Material"
en
12:30
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